Juan Carlos Onetti 1901-1994

A las 8:00 de la noche del 27 de Julio, se produjo en Caracas un terremoto 6.3 grados de magnitud en la escala de Richter en el que fallecieron más de 250 personas y afectó la estructura de más de 1000 edificios. Agosto de 1967 no era el mejor momento para que Juan Carlos Onetti visitara Venezuela. El ambiente reflejaba el dolor de las víctimas y las calles aún eran invadidas noche tras noche por aquellos que todavía tenían temor de dormir en sus casas por miedo a que el sismo se repitiese.

En medio de estas circunstancias poco favorables llegó por primera vez a Venezuela el escritor uruguayo invitado a participar en las deliberaciones del Congreso Iberoamericano de Literatura. Dicho congreso contó con los auspicios de la Universidad Central de Venezuela, el Instituto de Cultura y Bellas Artes (Inciba) y la Comisión Cuatricentenario de Caracas.

Onetti evitó las entrevistas en televisión, radio y prensa; en un vano intento por pasar inadvertido: “He tenido dificultades para dormir desde el primer día que llegué a Caracas; respecto al terremoto, me enteré en el aeropuerto cuando llegué, esto me ha quebrantado el espíritu”, comentó al salir de la UCV.

Considerado uno de los novelistas más grandes de América Latina, plasmó en El Pozo la angustia existencial y la incomunicación del hombre contemporáneo; para los críticos la publicación de esta novela marcó el nacimiento de la novela latinoamericana del siglo XX. Entre sus obras destacan La tierra de nadie; La vida breve; Juntacadáveres; Para esta noche y Una tumba sin nombre. Su talento fue reconocido en 1980 con el Premio de literatura Miguel de Cervantes y en 1991 con el Premio Literario José Enrique Rodó de las Letras de Uruguay.

“Para escribir no tengo disciplina, y jamás podría tenerla. Es muy curioso, de golpe vienen períodos de trabajo, y lo hago porque me gusta mucho, sólo escribo cuando tengo ganas”, solía decir este narrador que tantas veces fue tachado de antipático y hasta de egoísta cuando en una oportunidad comentó: “Yo escribo para mí, por el placer de escribir; no es para transmitir mensajes ni alcanzar el éxito”, resulta curioso que estas declaraciones provinieran de una persona que se destacó como periodista del diario La Prensa y como jefe de redacción del semanario Marcha.