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A 10 años de su muerte, sus amigos siguen intentando que el país lo valore como lo que consideran que fue: el más grande escritor nacional.
A 10 años de la muerte de quien muchos definen como el principal escritor uruguayo, Juan Carlos Onetti, sus amigos y estudiosos se preparan para recordarlo a lo grande, con una movida cultural en Colonia que se realizará el 11 y 12 de noviembre. La llamada "movida de Santa María", en alusión a la ciudad imaginaria que el escritor inventó, incluirá un coloquio con la participación de expertos y conocedores de la obra de Onetti, tanto nacionales como extranjeros, pero también bailes de tango callejeros, obras de teatro y otras manifestaciones culturales.
Entre los que la impulsan se cuentan dos personas que durante muchos años formaron parte del reducido círculo de amigos de Onetti. Omar Prego, él mismo escritor y periodista, y su esposa María Angélica Petit, recordaron en varios libros las mil y una peripecias creativas y vivenciales del escritor. Ahora quieren seguir devolviéndole a Uruguay la figura de un creador que, durante muchos años –opina Prego–, no fue valorado en su dimensión total: la de un escritor único que revolucionó las letras nacionales pero también las internacionales, hasta el punto de haberse manejado su nombre para el Premio Nobel y haber ganado el Cervantes en 1980.
MALHUMOR. En la conversación con Prego surgen rápidamente todos los mitos que rodearon en vida y luego de ella al escritor uruguayo. "Onetti nunca se emborrachó, aunque siempre le gustó el vino como a tantas personas", recuerda Prego intentando dar por tierra con la imagen de alcohólico que rodeo a su amigo y que, dice, no se atiene a la realidad. Y reafirma: "el hablaba de un modo muy especial, muy pensativo, pero jamás en su vida fue un borracho".
Prego conoció al escritor personalmente en los 70, casi por casualidad. Una noche coincidió con él en una reunión pequeña realizada en casa de un amigo mutuo, para homenajear al escrito Luis Harss. Prego admiraba a Onetti desde mucho tiempo antes y sin embargo, esa noche, lo consideró malhumorado y hasta grosero. Horas más tarde, y años más tarde, descubriría que el proverbial malhumor era más bien rechazo a los grupos de gente. Luego de una incómoda reunión –en la que Onetti entre otras cosas le dijo a la esposa alemana de Harss que si quería entrevistarlo debía primero escuchar muchos tangos de Gardel para comprenderlo–, Prego accedió al pedido del anfitrión de llevar al escritor hasta su apartamento de Gonzalo Ramírez. Onetti cambió en cuestión de segundos; al final se quedaron conversando hasta la madrugada. La amistad continuaría hasta 1994, cuando murió.
"Yo había empezado a leerlo en los primeros años del 50. ‘La vida breve‘ fue la novela que me cambió la perspectiva de la literatura. Era como si se hubiese abierto una puerta hacia el misterio", reconoce Prego. En los 50, sin embargo, Onetti era casi un desconocido para el gran público. Sólo un grupo de escritores, entre ellos Maggi, Flores Mora y Benedetti, apreciaban su obra.
LA SOLEDAD. El exilio en Madrid inauguró o intensificó otros de los mitos onettianos. Entre ellos, su conducta ermitaña, que lo llevó a elegir su dormitorio y más precisamente su cama para pasar los últimos años de vida. Onetti nunca dio demasiadas explicaciones; según Prego solo dijo que ahí se sentía cómodo y que ahí tenía todo lo que necesitaba para vivir feliz: sus libros, sus discos y la posibilidad de recibir amigos.
Con el tiempo Prego comprendió que su soledad tenía sobre todo que ver con su condición de escritor. Tal como el propio Onetti escribió en Marcha, "hay un sólo camino, el que hubo siempre. Que el creador de verdad tenga la fuerza de vivir solitario y mire dentro suyo".
La decisión de dejar Uruguay, en lo que fue luego un exilio de por vida por elección propia, marcó a fuego al escritor, dice Prego. "Onetti se fue perseguido por la dictadura, a pesar de que nunca había sido un militante político de nada. Tenía una postura muy personal de lo político. Había sido batllista y muy amigo de Luis Battle pero nunca militó en nada", aclara su amigo.
Prego no estaba enterado que la viuda de Onetti, Dolly Muhr, habría prometido que donaría el archivo personal del escritor si el Encuentro Progresista llega al gobierno. El anuncio lo hizo Tabaré Vázquez hace dos semanas, en un discurso dirigido a los protagonistas de la cultura. Prego no emite un juicio sobre el tema, pero afirma que "Onetti nos pertenece a todos. No se hubiera sentido cómodo en ningún partido".
Hasta el día de hoy sigue intentando traer desde Madrid las cenizas del escritor, algo que la viuda de Onetti prometió analizar. "Sería una recuperación de lo que fue como escritor y al mismo tiempo una forma de que el país le pida excusas por lo que sucedió: la detención en el Cilindro y su envío al sanatorio Etchepare".
Ahora ambos confían que se termine de concretar la decisión municipal de nombrar a un espacio público con el nombre de Onetti. Aún no se sabe si será una calle o una plaza. "Quiero suponer que será un lugar importante", dice Prego y espera que ahora, a 10 años de su muerte, Uruguay le de el lugar que considera merece.